Me fascinaba ir a pescar con mis hermanos, lo hacíamos con anzuelos o con malla y usábamos lombrices, pedazos de carne o pescados más pequeños como carnada. En el verano, pescábamos en los rebalses. Los rebalses suceden cuando el río se desborda, el agua se sale y se forman unos pequeños caños; y cuando empieza a mermar el río y los rebalses empiezan a bajar, se secan y queda muchísimo pescado.
Nací a las 4 de la mañana, el 5 de julio de 1956, en una finca llamada La Banqueta, en Cabuyaro, Meta. Mis papás eran santandereanos: María Elisa Romero y Guillermo Gómez. Fui criada al lado del río Meta y, en la finca, comíamos pescado, chigüiro, lapa, armadillo, danta y venados.
Me fascinaba ir a pescar con mis hermanos, lo hacíamos con anzuelos o con malla y usábamos lombrices, pedazos de carne o pescados más pequeños como carnada. En el verano, pescábamos en los rebalses. Los rebalses suceden cuando el río se desborda, el agua se sale y se forman unos pequeños caños; y cuando empieza a mermar el río y los rebalses empiezan a bajar, se secan y queda muchísimo pescado.
Cuando tenía cinco años, mis papás se separaron. Mi papá se fue de la casa y mi mamá se quedó en la finca conmigo y mis hermanos. Las cosas cambiaron mucho para la familia cuando mi papá se fue y a los 7 años tuve que aprender a cocinar. Mi mamá nos turnaba con mi hermana en la casa: una comida la hacía ella y otra la hacía yo. Mi mamá dejaba la olla colgada en la hornilla y yo me encaramaba en una butaca. A esa edad también me tocó matar y arreglar mi primer pollo, y afilar cuchillos y machetes. Mi infancia fue muy dura, y yo era muy chiquita para todo eso. Nunca aguantamos hambre, pero tuvimos que trabajar mucho en el cultivo de arroz y en el trapiche que teníamos.
A los trece años me cansé de que mi mamá me diera tan duro, y me fui de la casa a trabajar en casas de familia y en restaurantes. A los catorce años llegué a Villavicencio y ahí conocí al papá de mis hijos. A los quince años me fui a vivir con él. A los dieciséis años tuve mi primera hija: Luz Nidia Torres Gómez. Tuve ocho hijos: Nidia, Yanet, Norma, William, Jhon, Víctor, Yeison y Alejandro. Víctor y Jhon ya murieron.
Cuando Jhon tenía dos años, llegamos a Bogotá desplazados por la violencia; él era un niño muy pequeño que dependía de mí y de sus hermanas. Tuve que llegar a trabajar por mis hijos; en ese momento eran cinco. La llegada a Bogotá me afectó muchísimo, fue un cambio extremo: el frío, la vivienda, no me arrendaban porque tenía tantos niños, el trabajo quedaba lejos de donde vivía, el tráfico, el transporte… Eso era terrible para mí porque no conocía la ciudad.
Para mí la llegada a Bogotá fue terrible; estuve varios años allá. Luego de Bogotá me vine a Soacha gracias a un compañero de estudio de mi hija Janeth que nos ayudó a conseguir una casa lote en Soacha Compartir, porque era difícil que me arrendaran un lugar para vivir con los niños que tenía. Me acostumbré a vivir en Soacha y ya llevo más de 40 años viviendo allá.
Víctor Gómez Romero fue desaparecido el 23 de agosto de 2008 y asesinado el 25 de agosto de 2008, como persona ejecutada extrajudicialmente. A Víctor le gustaba bailar salsa, jugar bolilla, cinco huecos, rejo quemado, jugaban todos en la casa lote. Mis hijos eran muy unidos, se ayudaban a cuidar y Nidia era como una madre para todos. Yo solo le pedía a Dios mucha fortaleza para criar a mis hijos.
Tristemente a los 5 meses del asesinato de Víctor, asesinaron a mi otro hijo, Jhon Nilson Gómez Romero.
Victor Gómez Romero fue desaparecido el 23 de agosto de 2008 y asesinado el 25 de agosto de 2008, como persona ejecutada extrajudicialmente. A Víictor le gustaba bailar salsa, jugar bolilla, cinco huecos, rejo quemado, jugaban todos en la casa lote. Mis hijos eran muy unidos, se ayudaban a cuidar y Nidia era como una madre para todos. Yo sólo le pedía a Dios mucha fortaleza para criar a mis hijos.
Tristemente a los 5 meses del asesinato de Víctorvictor, asesinaron a mi otro hijo, Jhon Nilson Gómez Romero.
Llegó mi familia y yo solo pude ir a la morgue hasta las tres de la mañana, no tenía fuerzas. Cuando llegué allá, creí que lo iba a ver, que me iban a mostrar el cuerpo pero me lo mostraron en un computador, frente a otros muchachos, me preguntaron si ahí estaba Eduardo y ahí estaba mi muchacho.
Era el 29 de agosto de 2008 y mi muchacho estaba en Cimitarra, no entendía por qué, me preguntaba todo, por qué, pero no hice más que coger carretera y salir a encontrarme con mi hijo. Cuando llegué allá recuerdo que lo toqué y lo sentí como gelatina; cuando lo vi reconocí el candado que tenía como barba, era mi Eduardo definitivamente. ESTO NO ES DE CARMENZA!!!!!!!
Pienso que uno a veces se olvida de sí mismo. Todo lo que sacrifiqué por mis hijos, al punto de que me olvidé de mí misma y mis necesidades. Ahora me cuido y me quiero más y, como vivo sola, pues estoy tranquila, sin embargo, me da miedo que me dé un infarto y que nadie se dé cuenta.
Si hablo de mis fortalezas, es mi corazón lo más fuerte de mí porque he recibido muchos golpes ahí, pero sigue latiendo. Además, me hicieron una cirugía y tuve dos infartos hace unos años.
En cuanto a mis superpoderes, creo que todo viene del corazón, porque de ahí sale el amor. Por amor a mis hijos me quedé sola dos veces y los saqué adelante.
Ahora disfruto mucho ir a los talleres, universidades, pienso en lo que será el memorial de la estación de la Sabana. Cuando tengo tiempo, visito a mis hijos; es importante compartir con mi familia.
Me gusta estar en casa entretenida, no encerrada, me gusta hacer manualidades, bordar, pintar. Escucho vallenato, ranchera, toda la música. Me gusta mucho Darío Gómez, clásicos del vallenato, me fascinan Rafael Orozco, Los Diablitos, Nelson Velázquez.
Ana Páez y Johana Botero
Blanca Monroy y María Ordóñez
Carmenza Gómez y
Liliana Raigoso
Doris Tejada y María Ordóñez
Gloria Martínez y Johana Botero
Idalí Garcera y Nathaly Montoya
Jacqueline Castillo y Liliana Raigoso